25/01 LELE
L. 19-21
El agresor no cree a la víctima cuando dice
que sus ojos son amarillos.
De nuevo, la víctima intenta negociar,
intenta defenderse para salvar sus ojos. Ahora su argumento es de tipo
religioso.
El agresor le habla de manera más brusca,
utiliza el imperativo, le da un orden. Quiere que dé la vuelta. Hasta ahora, la
víctima no ve al agresor, el agresor está detrás de él, en su espalda.
A partir de la línea 22, los personajes van a
verse, van a estar cara a cara.
El agresor se impacienta, quiere que la
víctima sea más rápida, que obedezca. No escucha sus argumentos. Hay una
gradación en los sentimientos de estrés, miedo, pánico, tensión en el lector.
l. 22-29
La víctima obedece, porque quizás tenga
miedo.
El retrato del agresor: pequeño y frágil, no
parece ser un agresor violento o que da miedo, con un sombrero de palma. Significa
que es probablemente de tipo indio. No es impresionante.
Hay un contraste entre el retrato del indio y
su machete. El agresor no parece violento mientras que el machete sí. La imagen
de la luz sobre el machete nos deja pensar en un cliché/ un estereotipo de las
películas de horror. Además, quizás eso enceguezca al agresor o la víctima o
quizás le permita ver el color de sus ojos.
El fósforo: permite ver, pero es pequeño,
permite ver de manera muy rápida, dura poco tiempo. Además con el fósforo, la
víctima no puede ver al agresor. Es más impresionante, más peligroso.
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